01. Pasados interrumpidos / Memorias a destiempo

Gramáticas de la temporalidad

Espacio 1. Pasados interrumpidos/ Memorias a destiempo

Artistas: Tatiana Abellán, Concha Marínez Barreto, Rosell Meseguer, Sonia Navarro, Salvi Vivancos

En los últimos años, el tiempo se ha convertido en uno de los problemas centrales del arte contemporáneo y en una herramienta primordial para pensar la sociedad actual. Aunque dicha dimensión es fundamental en la reflexión artística desde sus inicios, desde la década pasada son muchos los artistas que han comenzado a problematizar, reflexionar y volver a pensar sobre las diferentes modalidades en que la temporalidad configura la obra de arte: memoria, presencia del pasado en el presente, futuro roto, tiempo alterado, tiempo suspendido, aceleración…, a través de las más variadas estrategias y disciplinas, un gran número de artistas contemporáneos cuestionan la temporalidad hegemónica del presente, desfigurando, transformando y proponiendo alternativas a la experiencia del tiempo de la modernidad, el tiempo estandarizado, maquinizado y “monocrónico” que se instauró en la sociedad industrial. Frente a este tiempo lineal capitalizado, los artistas de esta exposición despliegan unas gramáticas de la temporalidad que en todos los casos nos hacen conscientes del paso del tiempo y de la complejidad de la experiencia. Dicha reflexión se relaciona de varias maneras con las ideas del filósofo alemán Reinhart Koselleck, quien en sus trabajos sobre los estratos del tiempo observó los modos en los que los tiempos se corresponden, tocan y articulan. Pasado, presente y futuro no son instancias separadas, sino que están en constante contacto. El arte puede servirnos para pensar los modos en que pasado, presente y futuro se articulan. Y al revés, la articulación del tiempo es una herramienta de lectura privilegiada para dar cuenta de la realidad del arte avanzado.

Uno de los lugares fundamentales de esta articulación tiene que ver con los modos en que el pasado y el presente se entrelazan. Bajo el epígrafe Pasados interrumpidos/Memorias a destiempo, este espacio reúne obras que reflexionan sobre la memoria, la presencia del pasado en el presente, la historia, el archivo, el anacronismo, lo obsoleto… la idea de que el rescate del pasado es una manera de frenar la disolución y desmaterialización de la experiencia contemporánea. Las obras se presentan al modo de imágenes dialécticas que conectan temporalidades. Como sugiere Walter Benjamin, “En la imagen dialéctica, lo que fue en una época concreta es, al tiempo, «lo-sido-desde-siempre». Cierto que en consecuencia, a cada vez, sólo se hace visible a ojos de una época totalmente concreta: a saber, esa misma en que la humanidad, tras haberse frotado bien los ojos, viene a reconocer exactamente esa imagen del sueño como tal. Y así el historiador, en ese instante, da inicio con ella a la tarea de interpretación de los sueños.”

            El trabajo sobre el cine analógico y las tecnologías obsoletas es la clave de la propuesta de Salvi Vivancos, que construye un dispositivo fílmico que emula la tecnología cinematográfica del pasado y que dialoga con una imagen fija proyectada en otro artilugio obsoleto como es un proyector diapositivas. Los tiempos se tocan y se retuercen. El presente se proyecta hacia el pasado para rescatar y activar una tecnología, y un imaginario (una memoria) que había quedado en el olvido. A esa activación contribuye la sombra del espectador, que mancha la imagen y acaba formando parte de ese torbellino de tiempo que pone en marcha la memoria.

            Un día cualquiera, la propuesta de Sonia Navarro también parte de la fusión y el contacto de presente y pasado, tanto a nivel material como conceptual. Unos lienzos en los que se ha positivado una fotografía antigua que presenta un fragmento de ciudad o paisaje desaparecido es intervenido a través de la sutura con los habituales patrones de costura que la artista suele utilizar en sus obras. Una artesanía que en sí es obsoleta, el bordado, se proyecta sobre el pasado para atarlo y anclarlo al presente. Un anudamiento de tiempos y de memorias, que una vez más, en lugar de constituir un mero recuerdo pasivo del tiempo pasado es un modo de hacerlo útil para el presente.

            El rescate del pasado olvidado es también la clave de Bridge, la intervención de Concha Martínez Barreto. Partiendo de una fotografía encontrada que la artista prefiere no desvelar, se realiza un dibujo que muestra tan sólo un pequeño fragmento de esa imagen misteriosa y la maqueta un puente y un edificio ruinoso que conecta en la distancia con el dibujo. La imagen enmarcada y la escultura dialogan a cierta distancia con el vacío de significado del pasado. Y el puente se aparece en el espacio real casi como una materialización de aquello que el dibujo ha preferido ignorar. Dos modos de visualizar y materializar el pasado que se dan la mano y actúan en el presente.

            La materialidad del pasado es el centro de reflexión de todo el trabajo fotográfico y archivístico de Rosell Meseguer. En Memoria recuerdo olvido muestra la documentación fotográfica de una serie de enterramientos judíos que también habían sido olvidados. Como es habitual en sus obras, la fotografía dialoga con los restos materiales del pasado. Piedras que traen literalmente la historia a la sala de exposiciones. Una especie de marcadores que anclan la representación del pasado pero que también funcionan como restos, huellas y reverberaciones de la historia. La artista trabaja a medio camino entre la historia y la arqueología. Una historia y arqueología afectiva, donde el azar, lo subjetivo y el contacto material con el pasado produce eso que Ankersmit llamó “la experiencia histórica sublime”.

            Por último, la obra de Tatiana Abellán también intenta traer al presente la historia, en este caso a través de fotografías familiares antiguas que ya han dejado de servir a su propósito original; ya no hay nadie que pueda recordarlas. Como sucede en las piezas más pequeñas del proyecto Fuisteis yo, la artista utiliza el borrado de la imagen como proceso de recuperación de la memoria. La operación es paradójica: dejando un pequeño fragmento de la imagen, en esta ocasión, un pequeño resquicio del rostro, Abellán destruye materialmente algo que ya había sido destruido de hecho, la posibilidad del recuerdo. Y sin embargo, fijando ese punto de imagen, frena el olvido total de la imagen. Una destrucción preservadora que también tiene lugar con los restos del borrado de las fotografías. (la mezcla de disolvente y sales), contenidos en pequeñas botellas que funcionan casi como lacrimarios de imágenes.

 

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