Los lugares amenos – Hoja de sala

Los lugares amenos

Un programa de video comisariado por David Armengol

Espacio AB9, Murcia.

5 de diciembre de 2014

Rafel G. Bianchi y Andrés Hispano, Matteo Guidi & Giuliana Racco, Cristian Herrera Dalmau, Martín Llavaneras, Mercedes Mangrané, Gerard Ortín y Pep Vidal.

 

El paisaje no es naturaleza: es cultura proyectada en las montañas,

en los océanos, en los bosques, en los volcanes y en los desiertos.

Remo Bodei

 

¿Por qué subir montañas? Porque están ahí.

Lionel Terray

 

 

En la antigüedad, en época de los romanos, surge una diferencia radical entre dos lugares antagónicos. Por un lado, el loci horribili, aquellos lugares estériles, peligrosos, desolados y desconocidos (desiertos, altas montañas, mares…); por el otro, el loci amoeni, los lugares amables, confortables y serenos en los que el ser humano se siente feliz y a salvo (el Edén, el hogar). A lo largo de la historia, lo horrible y lo ameno devienen dos categorías extremas que se desdibujan debido a la fuerte impronta de lo sublime. Un tipo de percepción romántica que, de un modo u otro, modifica nuestra conexión emocional con el paisaje natural.

Los lugares amenos es un programa de video que mantiene un doble función. La primera genera un discurso; la segunda ofrece un contexto. La discursiva propone un relato audiovisual centrado en el paisaje como posible hábitat para el trabajo en arte. La naturaleza como taller, como laboratorio donde algunos artistas buscan y encuentran los retos y experiencias que definen su modo de entender la práctica artística. Un ensayo narrativo que les permite explorar, desde múltiples puntos de vista (el absurdo, el pasional, el antropológico, el geopolítico…) su relación con un entorno geográfico e inmediato. Consciente de su parcialidad, la contextual recopila obras videográficas de artistas significativos dentro del presente del arte contemporáneo en territorio catalán.

Dividir una montaña (2012) de Cristian Herrera Dalmau abre el programa con una conquista inútil[1]. Separar las dos laderas de una cumbre nevada con uno de los elementos de representación básicos del trabajo artístico: la pintura y el color. Un elemento extraño, un artificio ajeno al lugar, una acción simple que deja un rastro visible y fugaz sobre el recorrido – siempre heroico – de acceso a la cima. Un breve estado de euforia que desaparece a la misma velocidad que el pigmento sobre la nieve.

Centrado también en la experiencia del caminar, In Between Camps (2013) de Matteo Guidi & Giuliana Racco propone otro tipo de gesto e implicación con el lugar. Recorrer a pie durante dos días los restos de un antiguo acueducto romano situado en Cisjordania, y que en la actualidad cruza zonas de conflicto como los campos de refugiados palestinos de Arroub o Dheisheh u otros enclaves como las piscinas de Salomon, cerca de Belén. Un viaje por el pasado a través de la tensa situación ideológica, política y geográfica del presente. Un trayecto por territorios restringidos no aptos para el paseo con el objetivo de conectar – física y empáticamente – asentamientos aislados.

Piedras (2012) de Mercedes Mangrané invita a un cambio de registro. Una aproximación lírica y documental a lugares y personas específicas unidas por cierta fascinación común: la piedra como reflejo simbólico de un paisaje, una memoria y un tiempo. Un ensayo fílmico donde la entrevista con coleccionistas de suiseki (el arte japonés de contemplar la piedra) convive con otras imágenes contemplativas de espacios naturales, históricos, industriales y turísticos de l’Empordà (Costa Brava) para dar lugar a una narración coral que desprende ciertos tonos de intimidad autobiográfica.

El trabajo de Gerard Ortín se basa en el entorno natural desde una óptica de conexión directa, orgánica, casi mística. A través de la combinación entre imagen y sonido, Sima (2012) ofrece una focalización detallista y visceral que amplia su escala para abrirse a nuevas significaciones no-previstas de antemano. Un ejercicio de tensión psicológica que recupera cierta visión ancestral, ritualizada e hipnótica ante una naturaleza tan fascinante como consciente de su domesticación.

En matemáticas, un nudo salvaje es un enunciado carente de representación formal. Una pauta infinita que lleva a Pep Vidal a una experiencia extrema en el desierto: el intento imposible de dibujar sobre el territorio – un paisaje inmenso, inhóspito y definido por la ausencia de referentes visuales – dicho nudo con la simple ayuda de un GPS. De este modo, Un nudo salvaje (2012-2013) supone el registro videográfico de una puesta en escena más compleja y extendida en el tiempo. Algo más de ocho minutos de metraje y deriva que sintetizan la coreografía asfixiante de un día entero y solitario en el desierto aragonés de Los Monegros.

La escultura monumental, su ubicación en el paisaje y el esfuerzo físico son tres conceptos que definen una parte concreta del trabajo de Martin Llavaneras. Una mirada conceptual a lo escultórico que implica una frecuente presencia performativa basada en el dinamismo del cuerpo; algo que frecuentemente ha relacionado su práctica artística con la escalada. Overlay (2013) afronta dicho símil a través de la potencia de un acto único de reconocimiento gestual y matérico. El intento de escalar de manera furtiva, sin permiso, uno de los menhires más altos de Europa.

Como cierre, La bandera en la cima. La película supone la colaboración del realizador audiovisual Andrés Hispano dentro del proyecto pictórico La Bandera en la cima de Rafel G. Bianchi. Un proceso de largo recorrido en el que el artista pintó de manera hiperrealista los catorce Ocho Miles, las montañas más altas del planeta. Otra aproximación al alpinismo pero esta vez sin salir del taller. Como es habitual en los documentales de montaña, el video recoge la epopeya del ascenso, reflejando en este caso todo el proceso de realización de las pinturas. Además, la pieza se complementa con algunos emblemas de la hazaña, como la banda sonora de Antonio Ortega o el póster gráfico de Regina Giménez.

En definitiva, Los lugares amenos es una propuesta artística sobre la posible épica del espacio natural. Una suma de acciones, episodios y situaciones singulares protagonizadas por artistas ante paisajes salvajes, domesticados o conceptualizados que invita a fabular y a especular sobre la funcionalidad o disfuncionalidad del arte. Al fin y al cabo, un ámbito de acción tan inútil como necesario, tal irrelevante como esencial.

[1] Al margen del ámbito del arte contemporáneo, existen para mi dos referencias básicas sobre la idea de gesta improductiva. El libro de alpinismo Los conquistadores de lo inútil de Lionel Terray (editado en castellano por Ediciones Desnivel en 2008) y La conquista de lo inútil de Werner Herzog, una crónica del rodaje de Fitzcarraldo (1982) en la Amazonia peruana (editado en castellano por Blackie Books en 2010). Más allá del montañismo y el cine, en ambos casos no puedo evitar pensar que tratan sobre la condición del artista.

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